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"Señores ha comenzado un viaje con Claudio: un viaje que concluye en la eternidad del universo, sin tiempo, acción, vista y luz".

Esta frase, rotulada en el escaparate de la galería, funciona como un oportuno punto de partida para navegar la galaxia Perna, un viaje que por primera vez en Europa espaivisor, desde su galería en Valencia, nos invita a realizar. El campo gravitatorio es fuerte y ya nos atrapa al leer dicha frase. Alude directamente a nuestra percepción y la invita a orbitar de otra manera, dilatando el medio en el que se produce la comunicación. Este desafío continúa al adentrarnos en la galería y al comenzar a transitar la obra del artista a través de una serie de retículas en las paredes que tratan de poner en relación sus imágenes. Al igual que las constelaciones celestes, estas retículas organizan una forma de codificar el mundo, dentro de un contexto determinado y con una metodología deliberada.

Muy influido por Marshall McLuhan —con el que mantenía frecuentes conversaciones—, y por el arte conceptual que había descubierto en sus viajes a Europa y Estados Unidos, la obra de Claudio Perna entiende la imagen como un campo de trabajo sobre el que intervenir y la fotografía como una herramienta capaz de complementar esta acción y no solo contenerla. Las imágenes de Perna son el resultado de su propia existencia, no representan "lo que fue", sino lo que pueden llegar a ser o, mejor dicho, lo que pueden llegar a transmitir. Esta actitud visionaria y Flusseriana entendió la percepción en su sentido más productivo y libertario confiando en el futuro como un motor capaz de re-codificar su propio relato. No es casual que Perna dejara escrito: "Solo espero una segunda mirada a la luz del siglo XXI".

Esta visión de futuro da una pista sobre cómo el autor entendía su forma de hacer arte y de transmitirlo, y se deja ver en la exposición a través de las constelaciones-retículas y de lo que ellas nos muestran. Fotografías que se encuentran con frases escritas, con retratos, con dibujos y con otras imágenes para fusionarse en la superficie del papel y pasar a formar dispositivos de representación múltiple. Dentro de estos dispositivos nuestra percepción navega sin rumbo fijo derribando las barreras cognitivas para poder entender de otra manera. La rica iconografía de la galaxia Perna se hace patente, por ejemplo, en su serie Foto-informes: fotografías intervenidas que desarrolló durante varios años como parte de su archivo antropológico personal. Estas incluyen fotografías anotadas por el artista, de corte reporteril sobre crímenes, accidentes y otras situaciones urbanas junto el registro de paisajes o interiores donde siempre aparece una imagen de la palma de su mano como apuntando la idea a destacar en la imagen. Aquí la galaxia Perna toca la realidad para volver a imaginarla y usa la representación y el arte para plantear un nuevo código simbólico alejado de idearios predefinidos. Pero la obra de Perna, al igual que su existencia, es inconmensurable y a pesar de haber realizado algunas series, su obra es poliédrica y está llena de constelaciones que gravitan en torno a la fuerza de su propia persona. Si bien Perna era el núcleo y la representación su galaxia.

La fuerza de este núcleo se manifiesta en la segunda parte de la exposición sobre todo a través de las Autocopias, título que dio a la extensa e infinita serie experimental de imágenes que desarrolló con uno de los primeros equipos Xerox que llegó a Venezuela. Cuentan que Perna se encerraba por la noche en la oficina de fotocopias y salía de día cargado con toneladas de papel. Esta forma de producción, en la que cuerpo, tiempo y espacio se alían con el medio de representación, está impregnada en toda la serie. El entusiasmo que este descubrimiento produjo emana de cada pieza. Perna altera aquí, como años más tarde apuntó Flusser en su ensayo sobre fotografía e historia publicado en esta casa, los modelos de producción para desvelar sus virtualidades latentes y utópicas. El autor crea en las Autocopias imágenes que se encuentran en el proceso de salir del papel para conjurar posibilidades que desafían el relato histórico comúnmente ligado a la fotografía. Esto también se aprecia en la constelación de Polaroids que se encuentran junto a las Autocopias y que muestran la fascinación de Perna por la inmediatez de este medio de reproducción. Llama la atención la experimentación con la luz en la fotografía y las intervenciones en el proceso de fijado de la imagen clásico de las polaroids. Claudio intervenía la imagen cuando se estaba fijando en el papel, cuando se estaba volviendo visible. Esta interacción en presente continuo con el proceso de creación de la imagen revela un ejercicio conceptual y de experimentación del que Perna, visionario de vocación, era totalmente consciente.

"Mi terreno es el descubrimiento", dejó escrito en algún lugar. Esta idea de territorio por descubrir es la que da forma a la última parte de la exposición en la que sus mapas toman todo el protagonismo. Geógrafo de formación, el artista entendía la vida como una topografía en la que tiempo, espacio y materia confluían a través de su hacer artístico. En estos mapas solapa su representación con la representación del mundo, delinea su existir como un cartógrafo de lo real y amarra su cuerpo a la tierra a través de revolucionarios collages que sorprenden por su frescura y radicalidad. Estos mapeos de la galaxia Perna están a la altura de los mejores artistas conceptuales de su tiempo y alcanzan su punto álgido en sus cuadernos Block Caribe. En ellos ya no solo representa su propio relato contextualizado, sino que crea su propio sistema para contar la vida desde otro lugar y para otro tiempo. En estos cuadernos imágenes prestadas, fotografías tomadas, textos manuscritos y cuños con su nombre (la galaxia Perna tenía su propia burocracia) se alimenta una narración cuyo tiempo se dilata a medida que pasamos las páginas del cuaderno.

Llegados a este punto del viaje, somos conscientes de cómo Perna nos ha hecho orbitar en un terreno desconocido, pero dentro de un medio familiar como es el de la imagen y sus lenguajes. La obra de este artista, no lo suficientemente conocida en Europa, invita a revisitar las premisas del arte conceptual de finales de los sesenta hasta la década de los ochenta, con un ojo puesto en las formas de entender el mundo mucho más contemporáneas. Su forma de entender la imagen como herramienta de comunicación capaz de general un relato globalizador tiene que ver con las teorías de McLuhan y sus ideas sobre el medio como mensaje. Sin embargo, también anticipan una forma de producción multisensorial que genera imágenes sin tiempo en un flujo constante que nos abruma, eso que llamamos era digital. Perna utiliza todos los medios a su alcance para tratar de producir conocimiento a través este flujo, de esta constante que se dilata a través de las significaciones que encierra.

Señores, hemos empezado un viaje con Claudio, hemos orbitado en la infinidad de su galaxia. El tiempo, la acción, la vista y luz de la misma no harán más que crecer, expandirse hacia lugares insospechados. Tal vez volvamos a orbitar juntos.

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