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Vista de la exposición THIS IS A VOICE con trabajos de Katarina Zdjelar, Lawrence Abu Hamdan y Chris Chapman. Cortesía de la Wellcome Collection, Londres. Imagen: Leon Chew.
Un coro de icaros

Los icaros son cantos que los chamanes de las tribus de la Amazonia realizan en las ceremonias para la ingestión de la ayahuasca. Pese a contener algunas palabras, no tienen un significado inteligible pues proceden de sueños, visiones y estados de consciencia que son consecuencia de la ingesta de "plantas maestras". Los icaros van más allá de su etimología y su potencial radica en la voz del que los canta: la entonación, la vibración de sus cuerdas vocales, la elasticidad y el volumen de los sonidos que emiten es lo que importa. En este sentido, al icarar el chamán es capaz de cargar con energía un objeto o pócima, otorgándole así alguna propiedad específica para ser transmitida al receptor. Según el ritual, las voces de los chamanes se transforman en instrumentos a través de los cuales la naturaleza se materializa y se imprime en los objetos siendo el icaro el vehículo de su propia energía.

La materialidad de la voz independiente de la palabra se revela como motor e hilo conductor de la última exposición que se celebra en la Wellcome Collection de Londres. La exposición invita al espectador a realizar un recorrido organizado —aunque no necesariamente lineal— en el que se muestran los distintos potenciales de la voz partiendo del concepto de prosodia, es decir, del estudio de los elementos del habla que no constituyen segmentos fonéticos como las vocales y las consonantes, sino que son unidades superiores como pudieran ser el acento o la entonación y que afectan a la sílaba, la palabra o a toda una oración.

Al igual que ocurre en los rituales chamánicos, el mensaje de esta exposición no se va a ofrecer únicamente mediante palabras. This is a Voice [1] es una propuesta que se experimenta a través de todos los sentidos —se escucha, se palpa, se ve— mediante un flujo continuo de ecos, de vibraciones elásticas que emergen de cada una de sus piezas restando protagonismo al lenguaje. El gesto curatorial de la exposición aboga por una liviandad espacial que dialoga con el espectador a través de una serie de secciones que puntúan el recorrido. En estas divisiones, además de obras de arte, se presentan distintos materiales histórico-científicos como reproducciones anatómicas de la laringe, manuscritos y textos iluminados que hacen referencia a la voz, instrumental médico primitivo para estudiar el aparato fonador o tratados orientales del siglo XIX sobre laringología. Todos ellos ayudan a visibilizar cómo la cuestión de la voz ha sido una preocupación constante dentro de la historia del pensamiento como agente independiente de la palabra. No debemos olvidar que la Wellcome Collection es una institución con vocación científica que entiende el arte como una forma más de expandir el conocimiento, utilizándolo como nodo para entender fenómenos de la realidad y poniéndolo en discusión con otras disciplinas del saber.

El diálogo espacio-sensorial queda activado desde el momento en el que entramos al recinto de la exposición para iniciar el recorrido. Aquí encontramos un pasillo vacío cubierto de un material aislante de aspecto aséptico típico de estudios de grabación. Estos lugares, generalmente silenciosos, están diseñados para que la voz y su puesta en escena sean las protagonistas. Mediante este encuentro se genera la primera alerta sensorial invocando, no solo a la vista como suele ocurrir en otras exposiciones. Aquí no se viene solo a mirar.

Tras esta puesta en situación, la introducción de la exposición se remonta a la voz como fuente de comunicación primigenia. Por ejemplo, las nanas se presentan como una primera forma de correspondencia no verbal que afecta al desarrollo del ego como se muestra en un ejemplar de The Skin Ego (1989) del psicoanalista Didier Anzieu. En él se nos cuenta cómo este envoltorio sonoro que supone la nana contiene el ego que emerge del niño y conforma una especie de piel protectora que podría ser entendida como un sustituto del útero materno. Junto a la vitrina que incluye la documentación sobre las canciones de cuna, una pantalla presenta los cantos polifónicos de las tribus Bayaka que reproducen con sus gargantas los sonidos del bosque. Estas piezas, de carácter historiográfico, conviven con un display multisensorial donde las obras de arte introducen la voz como instrumento autónomo. Un ejemplo de ello podría ser Circular Voice (1974) de Joan La Barbara en el que la artista vocaliza una serie de pautas mediante ejercicios de inhalación y exhalación inspiradas en la respiración circular. La pieza se presenta mediante un altavoz-paraguas en el que el espectador se sitúa para recibir una especie de ducha sonora que amplifica su percepción. Tras esta configuración nos adentramos en la instalación de Marcus Coates Dawn Chorus (2007). La instalación supone un momento interesante dentro del conjunto de la exposición ya que se encuentra en el camino del visitante, se ha de pasar por ella. Pero este alto en el camino lejos de suponer una interrupción, activa la siguiente alerta en el espectador, el siguiente icaro que se imprimirá en su memoria. En esta obra un grupo de pantallas muestran a una serie de individuos en diferentes espacios urbanos. Estos, imitan el canto de los pájaros con sus voces. Los sonidos confunden al espectador provocando una paradoja auditiva que proviene de una metodología digital única desarrollada por el artista: vemos personas, pero escuchamos —o reconocemos— pájaros. Su sonido, aunque carente de lenguaje verbal, provoca un acto comunicativo que nos ayuda a decodificar, por ejemplo, un marco temporal. No sabemos qué dicen los protagonistas pero sabemos que cuando canta un pájaro es probablemente el alba.

Tras el alto en el camino y las primeras pistas, nuestra disposición como espectador es otra; nuestra percepción ya está lista para recibir estímulos de otra índole. Es en este momento cuando la exposición se abre a través de una serie de microinstalaciones que nos invitan a transitar el espacio con el fin de presentar diferentes acercamientos hacia los elementos no verbales que definen la comunicación: toser, reír, gritar... todos estos actos que consideramos espontáneos son fundamentales dentro del ritual perfomativo que facilita la comunicación entre individuos. Cuestión que queda maravillosamente ilustrada en el vídeo Emily (2012) de la artista bosnia Danica Dakic. En él, una niña sorda ensaya la elocuencia de los gestos al hablar el lenguaje de signos con su profesora. La intensidad de su mirada y los movimientos de sus manos pasan a formar parte de una coreografía que rechaza la espontaneidad. Una vez más, la comunicación no verbal apela a la sensualidad del espectador para imbuirse en su inconsciente.

Asimismo, la celeridad del vídeo Focus (2012) de Sam Belinfante sorprende dentro de este recorrido pausado por la intensidad del trabajo físico que escenifica. La pieza presenta a la vocalista Ellen Mitchener ejercitando la voz antes de una actuación: un entrenamiento que se hace con todo el cuerpo y que requiere una preparación física que nos lleva a imaginar que la vocalista está calentando sus músculos como si de una carrera se tratara. Otro ejemplo de cuerpo extenuado materializado desde otro prisma sería el que muestra Castrato (2012-16) de Imogen Stidworthy donde nos inmiscuimos en el mundo del Bel Canto, reino por excelencia de la manipulación y la pirueta vocal. Un espacio circular aúna las voces de tres cantantes de opera cuya superposición es capaz de reproducir la coloratura de los castrati. La sensación de habitar un dispositivo capaz de reproducir una voz que solo existe en nuestra imaginación —en las historias de Farinelli— hace que tomemos consciencia de hasta qué punto la voz es tramposa y capaz de engañar. La sorpresa y la desconfianza se suman al conjunto de pistas que This is a Voice revela.

El ritual o ceremonia sistematizada que toda visita a una exposición implica es desafiado en este punto en el que ya hemos tomado consciencia de los trucos intrínsecos de la voz. Esta provocación se evoca en el lugar a través de un cambio en el gesto curatorial que presenta un desbordamiento espacial que recuerda a un gabinete de curiosidades y que se percibe abrumador. Este desbordamiento halla una raíz generadora en el concepto de egofonía una condición médica que revela un problema pulmonar y que hace que cuando al paciente se le insta a decir la letra e el sonido que el mismo emite sea el de la letra a de un modo tembloroso, como el balido de una cabra. La confusión que genera esta condición médica se emplea como metáfora para interrogar las capacidades de identificación de la voz y de sus relaciones con la personalidad y el sujeto de la misma. No cabe duda que la voz tiende a ser personificada, se entiende como un rasgo individual y definitorio del ser humano. Sin embargo, como comprobamos en los ejercicios anteriores, la voz también es un instrumento embustero que está lleno de matices que van más allá del léxico. En este sentido, una pregunta retumba en el espacio: ¿qué dice la voz sobre nosotros?

Una vitrina cocomisariada entre el artista Lawrence Abu Hamdan y la responsable de la exposición Bárbara Rodríguez Muñoz, presenta un grupo de obras entre las que destaca An Unspeakable Act (2012): la historia de Mohamad, un indocumentado palestino a la espera de asilo político en Reino Unido. En la pieza del propio artista, Abu Hamdan pone de manifiesto cómo el protagonista se enfrenta a una deportación como consecuencia de un test de acento que las autoridades le realizaron para averiguar sus orígenes. Según los responsables de dicho test, Mohamad pronunció tres palabras con una cadencia sospechosa, motivo suficiente para considerar su expulsión como posible solución. La voz, en tanto que elemento de comunicación, existe en función de un sistema de significados que afecta a nuestro entendimiento y que tiene que ver con la forma en la que la realidad se codifica más allá del lenguaje. La estructura interna que permite analizar la construcción del mismo es a lo que Foucault llamó episteme y está relacionada con el marco de saber de cada época y cómo este es susceptible al poder y a una determinada noción de verdad. Así lo hemos visto en la pieza de Mohamad, en la que se nos muestra cómo construcciones culturales como el acento son capaces de ser utilizadas como evidencias en un juicio de valor transformándose en dispositivos en sí mismos y cuyas particularidades se aplican a la hora de clasificar al individuo. Pero, si consideramos la voz como ente independiente que se aleja del cuerpo y del lenguaje para ser empleada como herramienta de análisis y evaluación, ¿puede funcionar sin nosotros?, ¿puede la voz divorciarse del sujeto?

Históricamente, las fuentes desde las que emerge la voz han determinado su mensaje y su contenido: la voz de Dios, la voz de la experiencia, la voz del pueblo... Sin embargo, la voz vive hoy un proceso de deslocalización dentro de la era digital. Cualquier dispositivo o máquina puede hablar pero, nuestra forma de reaccionar ante semejante voz... ¿sigue siendo la misma? Nociones como obediencia, entendimiento o comunicación quedan trastocadas. Una vez metidos por completo en el colofón final, la exposición presenta una serie de materiales que revelan la actualidad de este fenómeno: el cuadro de Francis Barraud His Master’s Voice (1919) (la voz de su amo) en el que un perro escucha obediente un megáfono que reproduce la voz de su señor; una secuencia de El mago de Oz (1930) en la que se visualiza el momento del film en el que los personajes descubren que lo que creían que era un mago poderoso no es más que un anciano que maneja una máquina para alterar su voz; o finalmente la pieza Conversation with Eliza (2011) del artista Steven Cottingham, una conversación con una máquina que emula el modelo de psicoterapia de Rogers el cual reestructura las preguntas a modo de respuestas para así estimular el diálogo. Llegados a este punto, la voz se desliga de los cuerpos y existe casi como ente autónomo. La voz se separa de lo humano y de algún modo se convierte en lo que Donna Haraway define como organismo cibernético, un ser capaz de actuar por sí mismo, que puede ser ficticio y que no tiene por qué pertenecer al cuerpo. Haraway usa el ejemplo del cyborg para enmarcar un organismo a caballo entre el hombre y la máquina que no necesita distinciones y que no encaja en categorías predefinidas.

This is a Voice, nos anuncia la historia y el futuro de la voz desde el contexto contemporáneo, pero no cae en el error de narrar una partitura discursiva, es decir, no construye un relato reduccionista que trata de ilustrar un concepto al lenguaje universal del arte. Esta exposición propone un camino lleno de pistas provenientes de obras polisémicas que rechazan un código único de representación. El curioso espectador de This is a Voice tiene en su mano las herramientas para desenredar las particularidades de la voz que, de un modo u otro, apelan a los códigos de comunicación. Chorus (2016) de Matthew Herbert, es la pieza que cierra el circuito y que funciona como perfecto colofón de la muestra. Herbert propone al espectador ser partícipe de una grabación cacofónica simultánea que aúna todos los timbres vocales de los visitantes en un ejercicio que recoge una única nota, un sonido que se multiplica y amplifica hasta el infinito y que se puede experimentar en la cabina de grabación de la Wellcome Collection, en la puerta del escenario del Royal Opera House, o en el siguiente enlace. Como comentábamos al inicio del texto, las voces de los chamanes amazónicos tratan de manifestar la naturaleza y su condición matérica a través de sus cánticos. En esta ocasión, Chorus se torna icaro y recuerda el sonido de una gran cascada que, como sucede con el resto de obras de la propia exposición, se convierte en vehículo de su propia energía. Invito al lector a navegar por estos sonidos, a descifrar la experiencia de una voz sin palabras, cruda, impetuosa.




[1THIS IS A VOICE está comisariada por Bárbara Rodríguez Muñoz. El diseño 3D ha sido realizado por PLAID y el gráfico por Europa and Lindsay Pentelow. Puede visitarse del 14 al 31 de julio 2016 en la Wellcome Collection, Londres, y viajará a Powerhouse, Sydney en 2017. Toda la información sobre la muestra en el siguiente enlace: https://wellcomecollection.org/thisisavoice.

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