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Hablar de dispositivos, instituciones e infraestructuras supone hablar de formas de poder que configuran modos de vida. En un momento marcado por el agotamiento de las instituciones democráticas, la concentración tecnológica, la expansión de la inteligencia artificial, la financiarización de la economía, el colapso ecológico y formas cada vez más sofisticadas de necropolítica, el poder se multiplica como una hidra y se introduce en nuestros cuerpos de maneras sutiles y persistentes.
Para Giorgio Agamben, siguiendo a Michel Foucault, un dispositivo es cualquier cosa capaz de capturar, orientar o modelar gestos, conductas y discursos: desde una prisión o un hospital hasta un algoritmo o el propio lenguaje. Si el dispositivo es la herramienta de captura, la institución es la estructura que la estabiliza; la infraestructura, el conjunto de condiciones materiales, económicas, tecnológicas, afectivas y territoriales que hacen posible su funcionamiento. Lejos de ser un mero soporte, las infraestructuras organizan circulaciones, distribuyen recursos y producen formas de dependencia. Pero si, como escribió Ursula K. Le Guin, la primera tecnología humana fue un recipiente antes que una lanza, quizá convenga pensar las infraestructuras como aquello que permite contener, transmitir y cuidar cuando las condiciones de la vida colectiva son cada vez más difíciles de garantizar.
De todo esto trata Concreta 27. Pero también de imaginar otras formas de instituir, habitar las grietas del sistema y perturbar los hábitos de la institución-policía, para decirlo con Rancière.
Concreta 27 está editado por Nuria Enguita y Laura Vallés Vílchez y cuenta con las contribuciones de Paul Gilroy, Laurence Rassel, Peggy Pierrot, Max Jorge Hinderer Cruz, BNV Producciones, Durante Blais-Billie, Zoe Butt, Tania Safura Adam Mogne, Mónica de Miranda, Alba Colomo, Vida Rucli, Guy Woueté, Zineb Achoubie, Lorenzo Sandoval, Pedro G. Romero y Lia Perjovschi.















































