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EDITORIAL
Concreta 27, Perturbar la institución, entre hidras y zarzas

Concreta 27 trata de la posibilidad de imaginar otras formas de habitar las grietas del sistema, de proponer otras infraestructuras y de perturbar los malos hábitos de la institución. Nuestro último número está editado por Nuria Enguita y Laura Vallés Vílchez y cuenta con las contribuciones de Paul Gilroy, Laurence Rassel, Peggy Pierrot, Max Jorge Hinderer Cruz, BNV Producciones, Durante Blais-Billie, Zoe Butt, Tania Safura Adam Mogne, Mónica de Miranda, Alba Colomo, Vida Rucli, Guy Woueté, Zineb Achoubie, Lorenzo Sandoval, Pedro G. Romero y Lia Perjovschi.
(Castellón de la Plana, 1984) trabaja como curadora, editora e…
Nuria Enguita es Directora de Bombas Gens Centre d’Art de Valencia,…

EDITORIAL

Hablar de dispositivos, instituciones e infraestructuras supone hablar de formas de poder que configuran modos de vida. En un momento marcado por el agotamiento de las instituciones democráticas, la concentración tecnológica, la expansión de la inteligencia artificial, la financiarización de la economía, el colapso ecológico y formas cada vez más sofisticadas de necropolítica, el poder se multiplica como una hidra y se introduce en nuestros cuerpos de maneras sutiles y persistentes.

Para Giorgio Agamben, siguiendo a Michel Foucault, un dispositivo es cualquier cosa capaz de capturar, orientar o modelar gestos, conductas y discursos: desde una prisión o un hospital hasta un algoritmo o el propio lenguaje. Si el dispositivo es la herramienta de captura, la institución es la estructura que la estabiliza; la infraestructura, el conjunto de condiciones materiales, económicas, tecnológicas, afectivas y territoriales que hacen posible su funcionamiento. Lejos de ser un mero soporte, las infraestructuras organizan circulaciones, distribuyen recursos y producen formas de dependencia. Pero si, como escribió Ursula K. Le Guin, la primera tecnología humana fue un recipiente antes que una lanza, quizá convenga pensar las infraestructuras como aquello que permite contener, transmitir y cuidar cuando las condiciones de la vida colectiva son cada vez más difíciles de garantizar.

De todo esto trata Concreta 27. Pero también de imaginar otras formas de instituir, habitar las grietas del sistema y perturbar los hábitos de la institución-policía, para decirlo con Rancière. Estas preguntas no son para nosotras solo un objeto de estudio. Desde 2012, Concreta ha sido una revista, pero también una plataforma editorial, una escuela informal, un archivo disperso y una infraestructura cultural improbable sostenida por cuidados y persistencia. La contribución de Lia Perjovschi cartografía esa ecología de dependencias y de ahí surge una pregunta ¿qué infraestructuras sustentan realmente la vida cultural? ¿Cómo seguir construyéndolas cuando las condiciones para hacerlo se deterioran?

Lo sabemos, aunque a veces parezca que lo olvidamos. Reclamamos una agencia política para el arte mientras pasamos por alto, como recuerdan Max Jorge Hinderer Cruz, Paul Gilroy o Guy Wouété, que la modernidad occidental se construyó sobre un reverso sistemáticamente silenciado: la esclavitud, cuya matriz económica, social y política fue la plantación. Más que una unidad económica, esta constituyó una tecnología social basada en la explotación, el extractivismo, la violencia y la apropiación de cuerpos. Y muchas infraestructuras culturales contemporáneas siguen reproduciendo esos patrones: extracción de saberes periféricos, trabajo precarizado, jerarquías eurocéntricas y exotización. Por ello, Durante Blais-Billie analiza cómo la representación de la diferencia puede convertirse en una fachada que reproduce desigualdades estructurales y mecanismos de exclusión.

Como recuerdan también BNV Producciones, el riesgo consiste en olvidar que demanda, lugar de responsabilidad y recursos deben reconocerse mutuamente para que las promesas de futuro no queden suspendidas como horizontes inalcanzables. Así, Paul Gilroy insiste en la necesidad de recuperar la imaginación y la valentía para construir nuevas formas de convivencia. Frente al avance de los autoritarismos, junto a Laurence Rassel y Peggy Pierrot propone redistribuir recursos y saberes, reforzar la experiencia colectiva y reconstruir espacios públicos. Porque las experiencias reunidas en este número comparten esa preocupación: cómo instituir sin cristalizar y sostener estructuras sin reproducir las lógicas de extracción y dominación. Desde una escuela de arte, un proyecto editorial o una comunidad de vecinos, todas ensayan formas sensibles de organización capaces de responder a sus contextos.

Organizaciones como La Escocesa, en Barcelona; Robida, en Topolò/Topolove; WAKA, entre Camerún y Francia; La Casa de los Engarces, en el Valle de Ricote; o Sàn Art, en Ho Chi Minh aparecen aquí como espacios donde el aprendizaje no se separa del trabajo, la supervivencia o los gestos cotidianos. Así, Wouété describe WAKA como un intento de instituir desde los márgenes de la plantación. Vida Rucli y Alba Colomo reflexionan sobre formas de pertenencia basadas en las ecologías relacionales más que en la propiedad o la permanencia, proponiendo una imagen de la institución como zarza. Lorenzo Sandoval y Zineb Achoubie presentan La Casa de los Engarces como una forma de organización inspirada por la conexión entre pensamiento sufí y ecología. Y Zoe Butt reivindica una curaduría situada, sensible e interdisciplinaria.

En las carpetas, mientras Tania Safura Adam Mogne reconstruye escenas de lo común desde archivos negros que desafían las narrativas oficiales, Mónica de Miranda imagina jardines invisibles entre Angola, Portugal y las geografías de la diáspora africana como espacios de resistencia frente a las políticas migratorias, la gentrificación y la turistificación. Y desde ahí Pedro G. Romero atraviesa a Rosalía, Lorca, la mística y la cultura popular para plantear una cuestión fundamental: cómo ejercer una agencia real en una época dominada por el espectáculo. Su recorrido recuerda que las tradiciones místicas estuvieron históricamente más cerca de la comunidad y de la ayuda mutua que del genio aislado; más cerca, en definitiva, de la institución entendida como práctica colectiva interdependiente que como aparato de poder.

Quizá esa sea la pregunta que recorre este número: no cómo escapar de las instituciones, sino cómo transformarlas y construir infraestructuras capaces de sostener aquello que han dejado de proteger. Entre la crítica y la construcción se sitúan las prácticas reunidas aquí. También la propia Concreta, que sigue buscando, entre hidras y zarzas, cómo irse de rositas sin dejar de enfrentar el espectáculo desde una posición de agencia.

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